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Decidí aprender…



“Después de esperan tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar.

Decidí no esperar las oportunidades, sino buscarlas.

Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución

Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí ver cada noche como un misterio a resolver.

Decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz. Aquel día descubrí que mi único rival son mis propias debilidades, y que en ellas se encuentra la mejor forma de superarme. Dejé de temer perder, y empecé a temer no ganar.

Descubrí que no era el mejor, y quizás nunca lo fui.

Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Aprendí que el mejor triunfo es tener el derecho de llamar a alguien “amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, es una filosofía de vida.

Dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi tenue luz de este presente.

Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar muchas cosas, y aprendí que los sueños solamente para hacerse realidad. Desde entonces no duermo ara descansar, sino para soñar”- Walt Disney.

Inicio este post con este lindo poema, de una persona que pudo lograr y alcanzar sus más anhelados sueños.

¿Qué puede diferenciarte a este personaje de nosotros?

¿Acaso la suerte?

Pues la suerte nada tiene que ver con su éxito… Como lo dice este poema se atrevió a decidir y a aprender.

Quizás a ver su vida más objetivamente y a entender que cualquier cosa que sueñe, quiera o desee depende solamente de él, sus decisiones y su actitud.

Si tratamos de entender lo que pasa con nosotros, es que en algunos casos confundimos los conceptos. En este caso, la verdadera capacidad de aprender no surge sólo de memorizar, relacionar o teorizar. Tampoco por seguir un método estricto o copiar a un experto. Aprender supone comprender, captar, darse cuenta o entender algo nuevo, algo que no se comprendía previamente.

Para resolver aquello que nos angustia, que nos hace sufrir, es necesario que aprendamos a indagar dentro y fuera de nosotros mismos. Debemos explorar, descubrir, entender, investigar sobre nosotros y sobre la realidad que nos rodea.

Para ello necesitamos recobrar la curiosidad, acerca de nosotros mismos.

Y para que la curiosidad florezca, debemos permitiros estar en un estado de no saber, sin ideas previas o dirección trazada, sin conclusiones preestablecidas. Tenemos que ser capaces de reconocer, profundamente, que no sabemos. Porque ese extraordinario estado de no saber, es el comienzo del entendimiento.

Sin embargo, se suele tener miedo a no saber. Temor al juicio de los demás, a que nos vean torpes, o a sentirnos nosotros mismos ignorantes. Por temor al menosprecio.

Esta dificultad para situarse en un estado de no saber, puede tomarse también como objeto de investigación sobre uno mismo. Por ejemplo, podemos descubrir al relacionaros si nos cuesta reconocer que no sabemos o no comprendemos algo. Que reconocerlo nos atemoriza o incomoda, y nos sentimos vulnerables.

Ese temor, incomodidad, inseguridad… Son un obstáculo en nuestro aprendizaje y, por tanto, debemos explorarlo y aprender a resolverlo de la misma manera que cualquier otro conflicto.

Aprender no es algo limitado a la infancia o juventud. Y para aprender algo nuevo, hay que vivir como quien viaja al extranjero por primera vez, con curiosidad y ojos nuevos.

Podemos comenzar por preguntarnos cómo lo vamos a hacer y por dónde comenzaremos nuestra investigación de la realidad, investigación que nos incluye a nosotros y a todo lo que nos rodea.

Mi sugerencia es comenzar por aquellas cosas que producen malestar. O bien por observar la vida cotidiana tal y cómo es, sin intervenir ni cambiar nada. Observa cómo te relacionas con lo que te rodea, obsérvalo con objetividad, cómo actuáis y cómo ocupas tu tiempo. Sin obsesionarse, disfrutando de la investigación, como quien da un paseo.

Si quieres descubrir, es mejor no intentar mejorar inmediatamente lo que veas negativo, sólo observa lo que ocurre, tal y cómo ocurre. Y cada descubrimiento, es decir, cada vez que uno se da cuenta de algo que antes pasaba desapercibido, es motivo de transformación.

Y aunque en un principio parezca que lo descubierto no es importante o que no va a tener efecto alguno, cada descubrimiento, por pequeño que parezca, es un aporte de información correcta a tu mente, información que nos acerca al restablecimiento y comprensión de la realidad y, por tanto, al origen y la solución de tus conflictos.

Por ejemplo, uno puede darse cuenta de que suele rehuir a una persona y que no era muy consciente de ello. El siguiente paso sería tratar de profundizar en el origen de ese rechazo, sin permitirse una explicación rápida o superficial, sino buscando en sí mismo el temor existente.

Esta forma de abordar los conflictos, que habitualmente atenazan y requieren urgencia por encontrarles una solución, produce mejorías desde el primer momento. Produce cambios permanentes desde el primer intento. Cambios que, si se continúan observando con curiosidad y entendiendo, se sucederán cada día. Descubrimientos sobre la realidad que irán conformando un nuevo rumbo en nuestras vidas.

Es como aprender a mirar nuestra vida como a veces miramos la vida de nuestros amigos, que deseamos guiarlos por el mejor camino, darles los mejores consejos… Simplemente por eso porque somos objetivos al momento de analizarlos.

Entonces, conviértete en tu mejor amigo y decidamos aprender de nosotros mismos.

An Medina

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