Toma el control...



“Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes”. - Jorge Bucay

Y es que lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos es asumir la responsabilidad de cada cosa que nos sucede, ya basta de culpar a otros, meternos en el papel de víctimas o seguir justificando el por qué seguimos mal. Es momento de tomar las riendas de nuestras vidas y seguir adelante.

Ya basta con el discurso de “ojalá y fuese tan fácil como se lee”, “Es muy difícil”, “No puedo”… Debes entender que tu vida depende de ti, y que tú y tan sólo tú puedes tomar el control y hacerte responsable.

La responsabilidad es la habilidad para responder por nuestros actos y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. Nuestro poder personal y nuestra capacidad para transformar nuestra vida radican en gran parte en la habilidad que tengamos para aceptar responsabilidad por nuestras acciones.

Quizás durante tu adolescencia muchas veces escuchaste a otros adultos decir que parte importante de crecer, de hacerte independiente y acceder a tu libertad pasaba por la capacidad de asumir las consecuencias de tus actos.

Cada acción tiene una reacción

Esto probablemente es algo que como adultos todos entendemos racionalmente, sin embargo hay veces que cuando nuestra vida no es lo que quisiéramos que fuera podemos caer en la trampa de “echarle la culpa” a factores externos que nada tienen que ver con nosotros mismos y nuestra capacidad de elegir.

Echarle la culpa al pasado, a nuestros padres, a nuestra pareja o a las circunstancias de nuestra vida que están fuera de nuestro control aunque “nos absuelve” de nuestra responsabilidad y nos permite un alivio temporal de la “culpa”, muchas veces nos deja con una sensación de profunda frustración, parálisis e impotencia.

Si bien es cierto que en la vida hay situaciones que están fuera de nuestro control, nosotros tenemos el poder de elegir como reaccionamos ante estas situaciones y lo que hacemos con ellas. Es verdad que a veces la vida nos da limones, pero está en nosotros decidir si quejarnos por esto o si hacemos limonada.

En uno de sus escritos el médico y psicoterapeuta argentino Jorge Bucay contaba una anécdota personal que invita a la reflexión acerca de este tema. Relata que en una ocasión que visitaba la casa de su abuela, su primo de 3 años entró corriendo al cuarto donde él estaba y se llevó la mesa del comedor por delante. Cuenta que el golpe fue tan fuerte que su primo cayó sentado en el suelo llorando desconsolado. Su tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo. En su intento de consolarlo, la tía le decía al primo “Pobrecito, mala mesa que te pegó” mientras le pegaba al mueble e invitaba al primo a que le pegara al mueble de igual manera.

Cuenta el Dr. Bucay que aquella experiencia lo llevó a reflexionar acerca de cuál es la enseñanza que a veces está detrás de los mensajes que recibimos de nuestro entorno.

En su reflexión nos dice: “La responsabilidad no es tuya que no mirás por donde caminas, es culpa de la mesa. La mesa es mala...Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa... Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees”.

Esta anécdota de su vida personal y sus años de trabajo como terapeuta y escritor lo llevaron a sostener que como adultos somos responsables de apartarnos de aquello que nos daña, así como de rodearnos de aquello que nos hace bien.

Cuando asumimos responsabilidad por nuestros actos y nuestras circunstancias nos hacemos un regalo a nosotros mismos de bienestar y de poder personal. Ese sentimiento de bienestar, de fortaleza, de libertad y liviandad puede inclusive venir de las veces en que admitimos que hemos cometido un error.

Piensa en alguna situación que hubieses deseado manejar de otra manera. Quizás tuviste un desacuerdo con tu pareja, o le hablaste a tus hijos de una manera que no te gustó. Quizás tuviste una situación en tu trabajo que tuvo consecuencias negativas. ¿Cómo fue tu reacción? ¿Asumiste tu responsabilidad en el desarrollo de los eventos? Si no lo hiciste te invito a que hagas un experimento: La próxima vez que te encuentres en una situación similar haz el intento de asumir responsabilidad por tu parte y mira a ver qué pasa. Observa cómo te sientes internamente. Observa cómo reaccionan los demás.

Asumir responsabilidad por nosotros mismos no se trata de juzgarnos o de echarnos la culpa, se trata más bien de aceptarnos tal y como somos, con nuestras fortalezas y limitaciones, en toda nuestra humanidad.

George O’Neil decía que “cuando comenzamos a hacernos cargo de nuestras vidas, a hacernos dueños de nosotros mismos, se hace innecesario pedir el permiso de otro” para ser quienes somos y hacer lo que deseamos hacer. Jorge Bucay concuerda, y con eso en mente nos regala estos cinco permisos que ahora te comparto a ti. Úsalos. Párate frente al espejo y léelos en voz alta. Pueden ser el comienzo de una nueva relación contigo mismo en donde asumir responsabilidad se convierta en un área de fortaleza en tu vida.

Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.

Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.

Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

Una vez que te permitas hacerte responsable de tus acciones y tus reacciones verás que la vida se vuelve más liviana y estarás descargando esa mochila pesada con la que a veces cargamos.

An Medina

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