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Espéralo todo de ti



Dicen que quien mucho espera, se decepciona y que quien nada espera, se sorprende. Es por esto que me parece mucho más atractivo vivir asombrada. Sin embargo, es verdaderamente difícil no esperar nada de nadie…

Si quieres sentirte defraudado, entonces pon toda tu ilusión en que suceda algo o en que alguien haga algo. Tus expectativas tienen mayor poder para hacerte daño cuanta más esperanza pones en ellas. Así de simple.

Lo cierto es que la vida es un misterio que merece ser vivido. En este sentido, lo recomendable es no estar pendientes de manera constante de lo que va a suceder o de cómo se van a comportar los demás con nosotros.

En mi experiencia de vida cuando no esperé, aprendí a vivir el día a día, a agradecer por lo que tengo y no a quejarme por lo que no.

Nunca fui de las personas que esperaban poco o nada. Me pasé la vida esperando que las personas fueran conmigo de la misma manera que yo era con ellas, y esperando que la vida me entregara lo que se suponía debería entregarme. Por lo mismo, me decepcioné una y mil veces en mucho tiempo.”

Pasé por tantos momentos de decepción que un día decidí cambiar mi estrategia: me prometí no esperar absolutamente nada de nada, a ver cómo me iba.

Sorprendentemente en poco tiempo las cosas empezaron a cambiar. No miento, claro que muchas veces inconscientemente esperaba cosas, pues no se puede cambiar de la noche a la mañana, pero por algo se empieza. Aunque fuera un poco forzado, de todas maneras me servía no pensar si habrían reacciones a mis acciones, y una vez que comencé a no esperar, la magia comenzó a suceder.

El aprender a no esperar fue algo difícil, especialmente por como yo había sido siempre. Fue un proceso de desapego largo, en donde debí dejar mis emociones un poco de lado, pero siempre pensando que era para algo mejor, lo que me ayudó. Y una vez que lo logré, por primera vez sentí lo que era estar realmente en paz.

Lo que quiero decir, es que cuando no esperas nada de nadie ni de la vida, todo se convierte en una sorpresa y en una alegría mucho mayor. Cuando no buscas desesperadamente y mantienes la calma, las cosas llegan solas. Todos los gestos, por más pequeños que sean, llegan como una sorpresa a tu vida. Un mensaje de texto, una llamada, un te quiero, una aventura nueva, un empleo, una persona nueva, será mucho más increíble si no la esperas. Y lo mejor de todo, es que cambiarás la decepción por la emoción.

Al no esperar nada de nadie, aprendí además de la empatía, a ponerme en los zapatos de los otros y darme cuenta que muchas veces yo esperaba cosas que ni yo hacía. Aprendí a no tomarme las cosas de manera personal, porque mientras vengan de tus amigos, nunca serán con esa intención. Aprendí de esto y mucho más. Pero lo más importante, es que aprendí a no esperar.

Si pensamos acerca de esto, nos daremos cuenta de que no es algo que solo nos afecte a nosotros porque nos sentimos defraudados, sino que estamos coaccionando a los demás y privándolos de su libertad de hacer las cosas de la manera que lo desean.

Esto se acaba convirtiendo en el perro que intenta morderse la cola; es decir, que entramos en un ciclo y no avanzamos, sólo nos quedamos ahí dando vuelta, si la otra persona lo hará y nosotros nos desgastaremos esperando.

Para darnos cuenta de esto deberíamos de pensar lo que nos sucede a la inversa, o sea, cuando alguien espera algo de nosotros y así nos lo muestra. ¿Verdad que cuando esto ocurre te sientes con cierta “obligación moral”?

Y como consecuencia nosotros terminamos resistiéndonos o haciendo todo lo contrario, porque cuanto más esperen de nosotros y más hagamos por cumplir esas expectativas, más probabilidad habrá de que nos rebelemos y actuemos como nos plazca.

A veces llegamos incluso a actuar en contra de nuestra voluntad solamente por reafirmarnos. Esto ocurre con mucha frecuencia en las relaciones de pareja y es que, cuanto más se solicita, más probabilidades de saturación tenemos.

Y es que debemos posar nuestras expectativas en nosotros mismos y no en los otros, pues además de que muchas veces somos injustos nos conduce a la decepción.

Este desencanto o desilusión suele producir cierta desconfianza y, por lo tanto, estados emocionales indeseables y actitudes poco saludables.

Estamos tan enfermos de certeza que no conseguimos tolerar la incertidumbre en nuestras relaciones. Por esta razón, la única medicina que puede evitar que nos sintamos abandonados o defraudados es trabajar nuestros miedos y nuestros aspectos emocionales más íntimos de tal manera que no dependamos de los demás para ser felices.

Es decir, es muy angustiante pensar que la persona que amas puede dejar de hacerlo, pero cuida que ese miedo no vaya unido a inseguridades e idealizaciones.

Que alguien no esté pendiente de ti a cada segundo o que no tenga el detalle que tu hubieses tenido no quiere decir que no te quiera. Simplemente significa que son personas diferentes.

Ahora bien, si alguien no te atiende nunca no se trata ya de una cuestión de expectativas, sino de falta de respeto y de interés. Aunque por suerte o por desgracia esto solo se aprende, con la experiencia.

Y como decía William Shakespeare:

Siempre me siento feliz ¿Sabes por qué? Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala, sé feliz y siempre sonríe, vive intensamente. Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de herir, siente. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, vive.

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