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Sólo tú puedes detener tus problemas.



“Un problema sólo es un problema si decidimos que lo es, y el problema sólo es la manera como reaccionamos a lo que nos sucede”- Eckhart Tolle.

No se trata de negar tus problemas o de no caer en la tentación de prestarles atención, se trata de descubrir quiénes somos, y cuando lo hacemos, desarrollamos y sentimos una libertad interna tal que estos “problemas” dejan de ser vistos de tal manera.

Quizás estar sumergido en un gran sufrimiento o en un gran problema en este momento no te haga entender este punto de vista, pero lo principal que hay que empezar a entender es que todo tiene un inicio y un final y que todo lo que nos sucede alguna finalidad tendrá.

Existe un dicho Zen que dice: Tal vez no podamos hacer que los pájaros dejen de volar de alrededor de nuestras cabezas, pero si podemos evitar que hagan nidos en nuestro cabello.

Y es que pasa que la mente nunca puede encontrar la solución, ni puede permitirte dejar que la encuentres, porque es ella misma la que la está evitando.

Los problemas, las situaciones y las personas no existen fuera de nosotros lo hemos creado desde adentro. Ésta es nuestra realidad. Por lo tanto los problemas tampoco son lo que pensamos.

En realidad nunca sabremos qué es lo que está pasando, pero de lo que podremos estar seguros es que estos problemas son oportunidades que nos traerán un momento de transformación a nuestras vidas, porque así como nos demos cuenta de que nosotros mismos lo estamos creando así también tenemos la potestad de solucionarlos.

Esto quizás sea algo nuevo y muy difícil de entender para ti, pero una vez que tomes el aprendizaje tendrás la habilidad de tomar 100% de responsabilidad por ellos y borrarlos.

Es difícil porque no sabemos quiénes somos en realidad. Creemos que ser respetables depende de tener ciertas posesiones, ciertas personas en nuestra vida o cierto estatus. Nos acostumbramos tanto a esta creencia que decidimos creer que es real.

Desafortunadamente, analizamos la vida, los eventos y la gente a través de nuestras memorias y "pensamos" que sabemos. Pasamos una excesiva cantidad de tiempo sufriendo por la forma en que interpretamos la realidad. A menudo preferimos sentirnos moralmente superiores antes que ser felices y estar en paz.

Somos adictos al pensamiento. En verdad tememos no poder funcionar correctamente a menos que "pensemos bien las cosas", cuando en realidad, las cosas pueden fluir y funcionar mucho mejor si simplemente soltamos y confiamos en el Universo y la sincronía de nosotros dentro de él. Siempre pensamos que sabemos más. No somos conscientes de que hay otro camino, un camino más fácil.

El camino más Fácil, es aquel donde puedes encontrar tu coraje, seguir tu pasión y soltar aquello que no eres tú, aprender a confiar en ti mismo, caminar con fe y vivir cada día con gratitud a pesar de cualquier situación por la que estés pasando.

Siempre debemos mantener presente que, nada es lo que realmente parece. El intelecto no puede saber. Su conocimiento es limitado. Sin embargo, hay una parte nuestra que sí sabe. La diferencia entre el conocimiento intelectual y esa sabiduría innata que tenemos es similar a la que existe entre subir a una silla y mirar alrededor y pensar que lo estamos viendo todo y subir a la cima de la montaña y ver el panorama completo. Preferimos hablar con nuestros amigos, en vez de hablar con nosotros mismos. Tenemos acceso perdonantemente a toda esta sabiduría que está dentro de nosotros, pero preferimos subirnos a la silla y dar opiniones, emitir juicios y expresar nuestros puntos de vista… porque es lo que aprendimos a hacer.

Pero, a pesar de esta costumbre, siempre podemos elegir qué hacer y cómo reaccionar cuando aparece una situación que consideramos “problema”

La siguiente metáfora puede ayudarte a entender un poco mejor este tema:

“Un día el asno de un campesino cayó al fondo de un pozo. El animal se quejó fuertemente durante horas mientras que el campesino trataba de buscar la forma de sacarlo. Finalmente, el campesino decidió que el animal era viejo y de todas formas el pozo necesitaba ser tapado, no valía la pena recuperar el asno. Entonces, el campesino invitó a sus vecinos a que viniesen a ayudarle. Todos tomaron una pala y comenzaron a echar tierra en el pozo. Al inicio, cuando el asno se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, gimió fuertemente, pero después de un rato para sorpresa de los presentes se calmó. Tras varias paladas de tierra, el campesino decidió mirar dentro del pozo, y lo que vio lo dejó paralizado. Con cada palada de tierra que caía sobre su espalda, el asno hacia algo asombroso. Sacudía la espalda y la tierra caía y se amontonaba bajo sus patas, y de ese modo cada palada lo llevaba un paso arriba. A medida que los vecinos del campesino continuaban echando la tierra el animal seguía hacia arriba, lo que hizo que el asno llegara al borde del pozo y pudo salir trotando."


Esta historia nos hace concluir que, la vida puede echarnos toda clase de tierra encima, pero la solución para salir del pozo está en sacudirnos y dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es como un escalón hacia la libertad y depende sólo de nosotros si los usamos como tal.


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